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Por qué funciona cada parte

La cafeína bloquea la adenosina, su presión natural de sueño, durante hasta diez horas. El alcohol y las comidas copiosas alteran su sueño REM y su digestión. El trabajo y las pantallas mantienen activos su sistema nervioso y su ritmo circadiano. Y posponer la alarma fragmenta precisamente su sueño más ligero y menos reparador.

Ninguna de estas cinco reglas es un secreto. Lo notable es que, juntas, cubren casi todo aquello a lo que puede atribuirse una mala noche, sin necesidad de comprar nada.

Cómo empezar

Empiece por la regla que más diferencia marque en su caso; normalmente, la hora sin pantallas o el límite de la cafeína. Incorpore el resto a lo largo de unas semanas. Aquí la constancia cuenta más que la perfección.

Y tenga presente una cosa: si estas cinco reglas no se cumplen, ninguna noche de prueba en ninguna cama dice nada fiable. Estaría midiendo su velada y no su colchón.

Fuentes

  1. Drake et al. (2013). Caffeine effects on sleep taken 0, 3, or 6 hours before bed. Journal of Clinical Sleep Medicine.
  2. Ebrahim et al. (2013). Alcohol and sleep. Alcoholism: Clinical and Experimental Research.
  3. Chang et al. (2015). Evening use of light-emitting eReaders. PNAS.

Preguntas frecuentes

¿No ayuda el alcohol a conciliar el sueño?

A conciliarlo, sí; a mantenerlo, no. El alcohol suprime el sueño profundo y el REM y hace inquieta la segunda mitad de la noche. Se duerme antes y se despierta menos descansado.

¿Por qué es malo posponer la alarma?

Tras la alarma vuelve a caer en sueño ligero, la fase menos reparadora, y cada vez se ve arrancado de él de nuevo. Esos nueve minutos no aportan nada y hacen más difícil levantarse.